
Soy misterioso ¿y qué? a tu novia le gusta…
SPOLIERS AHEAD!
Entre las diversas páginas que visito a diario para estar informado sobre ese mal vicio que tengo que es el cine destaca Las horas perdidas. Intento leer por encima las críticas que hacen de los estrenos especialmente si tengo intención de ver la película, pero siempre les hecho un vistazo porque tienen un punto de vista muy “de la calle” y me sirve como baremo aunque luego mi opinión acostumbre a distanciarse a la de la masa.
La última que leí fue la de Planet Terror el segmento de Grindhouse dirigido por Robert Rodríguez (el cabrito ha llamado a su productora RIP: Rodriguez International Pictures) y me sorprendió el comentario que hacen respecto a cierto rollo perdido en la verisón americana de la película (la íntegra) que no sabían si aparecería en la versión europea y la repercusión que ello tendría en el film.
Por fin pude ver el otro día la película y mis temores se cumplieron. No espero saber más que nadie de cine, pero me parece que la maniobra de Rodríguez está cantada.
Grindhouse, y Planet Terror en concreto, se basan en un sistema de factura que parece que los últimos años está volviendo para deleite de los frikis más irredentos: el placer por el placer, sin complicaciones. Ya en Once upon a time in Mexico Rodríguez lo deja bien claro: es un cocinero; y, al igual que a mí, le gusta que haya mucho de todo en sus platos y cuanto más picante mejor.
Para no extenderme (y como se supone que ya has visto la peli) hablo directamente del “rollo perdido”.
Al principio de El prestigio, Michael Caine afirma que cuando vemos a un mago queremos que éste nos engañe, ésta es la sensación que me dió la escena de la supuesta laguna argumental en Planet Terror: Rodriguez ha hecho un truco de magia, ha dado un certero salto, ha avanzado la peli porno saltándose la parte en la que hablan para que nos podamos pajear a gusto.
El Wray es un héroe misterioso (como debe ser los héroes, ¡coñó! ¿verdad Plissken?) y no debemos saber su historia, de hecho saberlo no ayuda en nada al devenir de la historia. Necesitamos que “El rey” coja cuantas más armas mejor y reparta ostias como panes en cantidades industriales para que podamos disfrutar de la experiencia Grindhouse con la tienda de campaña bien plantada. Y eso es lo que pasa: el Wray es la ostia, y es tan la ostia que si nos explicasen quién es y qué ha hecho perdería toda la gracia, como un truco de magia.
Puede ser que te estuvieses aburriendo en ése punto de la historia, o puede que no, pero Rodriguez no piensa arriesgarse: te vas a quedar sin ver las curvas de infarto de Rose McGowan (a fin de cuentas las niñas son tontas y no estamos aquí para mariconadas románticas, si quieres amor alquila una de Jenna Jameson) pero si lo que quieres es ver zombies y splatter, que es por lo que uno paga la entrada de esta peli, ahí están, sin rodeos, y con un héroe como los de Carpenter. pequeño pero cabrón.
Si me preguntas, ese rollo no existe, no debería existir y ojalá no exista nunca…
VIVA LA GRINDHOUSE!
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